Edipo Rey · Sophocles
ESCENA III
Capítulo 35 de 42 · 1 min de lectura
EL CORO
¡Amor, indomable Amor, tú que ora reposas muellemente sobre ricos tapices y sobre las mejillas tiernas de una muchacha, ora, trasponiendo los mares, vas a visitar la cabaña solitaria del pastor! Ni los dioses inmortales, ni los hombres cuya vida es tan breve, pueden evitar tu poder. Quien te padece se torna furioso. Tú haces injustos los corazones de los hombres virtuosos y les arrastras hacia el crimen; excitas las querellas y llevas el desorden al seno de las familias; una mirada encantadora de una joven beldad triunfa del poder de las leyes; esos triunfos no son más que un juego para la invencible Afrodita.
Nosotros mismos en este momento, infieles a las órdenes del rey, no podemos contener las lágrimas de que nuestros ojos están inundados, al ver a la princesa Antígona adelantarse hacia ese lecho que será para ella un lecho eterno.



